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¿Cubre bocas baneado de comercios y transporte público en Alemania?

Las mascarillas se han convertido en un complemento indispensable en nuestro día a día. Cuando salimos a la calle podemos ver todo tipo de protecciones faciales de diferentes tejidos y colores. Sin embargo, no todas han demostrado ser totalmente efectivas para evitar los contagios de coronavirus. Ahora Alemania ha vetado el uso de las mascarillas de tela en el transporte público, los comercios y los servicios administrativos abiertos actualmente. Solo se permitirá el uso de mascarillas profesionales.

Las mascarillas profesionales son las catalogadas como productos sanitarios, es decir, las mascarillas quirúrgicas y las FFP2. Este tipo de mascarillas están diseñadas para evitar que cualquier patógeno pueda propagarse de una persona a otra a través de las partículas expulsadas por la nariz y la boca. Poseen una serie de capas que permiten respirar con normalidad a la vez que protegen contra todo tipo de virus y bacterias.

Las mascarillas quirúrgicas son las recomendadas por el Ministerio de Sanidad para personas enfermas con síntomas. Sin embargo, su uso se ha extendido y cada vez es más habitual verlas entre la población sana.

Este tipo de mascarillas están diseñadas para filtrar el aire exhalado y proteger al entorno de la persona que la lleva puesta. Existen dos modalidades: las de tipo I y las de tipo II. Estas últimas pueden ser resistentes a salpicaduras de sangre y otros fluidos biológicos. Es necesario cambiarlas cada 4 horas.

Mascarillas FFP2: Estas mascarillas FPP2 son Equipos de Protección Individual (EPI). El Ministerio de Sanidad recomienda su uso para aquellas personas que están en contacto continuo con el virus, es decir, sanitarios o personas que tengan que ver a personas con síntomas o que han dado positivo. Este tipo de mascarillas filtran el aire inhalado evitando la entrada de partículas contaminantes al organismo. Pueden ser reutilizables (R) o no reutilizables (NR). En este último caso es recomendable cambiarlas cada 4 horas.

Historia e inicios del cubre bocas.

Lo que hoy es un artefacto de tanta importancia para cada vez que salimos a la calle, hace muchos años, comenzó siglos atrás como un accesorio o mas bien amuleto que lograba alejar la “influencia maléfica.” Según William Summers, experto de la Universidad de Yale, la idea de que una enfermedad pudiera transmitirse de persona a otra existe al menos desde el siglo XVI.

No fue hasta mediados del siglo XIX, que la identificación de los microbios permitió elaborar las “teorías de gérmenes” para explicar los mecanismos de infección.

En 1890, las mascarillas aparecieron en las salas de operación, justo cuando la epidemia de peste emergió antes de propagarse en Hong Kong. La «peste de China», llegó en 1910 a Manchuria y fue en ese momento en el los responsables sanitarios se enfrentaron a obstáculos políticos y de cambios culturales en la sociedad para acostumbrarse a vivir con la epidemia. A pesar de esto, fue después de la primera muerte registrada de un doctor francés, Gérald Mesny, quien había visitado un hospital sin protección, que la demanda de mascarillas explotó, siendo Wu Lien Teh, un joven doctor nacido en Malasia y formado en Cambridge, el responsable de aplicar un sistema de arnés para sujetar la mascarilla y de esa manera poder usar el cubre bocas para trasladar a los cuerpos infectados.